¿Educación mixta o diferenciada?
El antagonismo entre educación mixta y diferenciada se ha puesto en el debate actual en muchos países desarrollados. Algunos precisan que la primera es inconveniente porque no respeta las diferencias innatas entre el hombre y la mujer, mientras que por el contrario también se afirma que la educación diferenciada es discriminatoria y no se abre a la diversidad. ¿Cuál es la más conveniente?
Por Carlos Alberto Rosales Purizaca
Educador y Analista Internacional
La facultad de educación de la Universidad de Cambridge publicó un informe tras cuatro años de investigación bajo el cuál se destaca los altos beneficios que proporciona la educación diferenciada. Es falso pensar que para poder alcanzar la igualdad de oportunidades haya que educar a niñas con niños. Ambos son diferentes desde que nacen. En Suecia, Chris Heister publicó un informe titulado: Todos somos diferentes, y en el que demuestra que la causa del fracaso escolar radica en la obstinación por negar las diferencias sexuales entre niños y niñas.
La Universidad de Bermont publicó también un estudio que duró cuatro años, realizado en doce países, indistintamente del nivel social y llegó a la conclusión que los varones tienden más a pelearse, a ser indisciplinados, a faltar a clase, a contestar al profesor. Eso prevé la necesidad de educarlos por separado. Financial Times publica todos los años una lista de los colegios que han sacado las mejores calificaciones. Los veinticinco primeros son colegios diferenciados.
El principal argumento a favor de la educación diferenciada es que ésta tiende a mejorar el rendimiento académico de los alumnos. Separar a los alumnos por sexo para educarlos así en una determinada etapa de la vida no es discriminación sino por el contrario una educación que atiende a la totalidad de la persona en sí, a sus características específicas.
Cuidado con pensar que hay que separar a los niños y niñas para favorecer a los primeros y perjudicar a las segundas. Tampoco tiene nada que ver con prejuicios morales o religiosos. Se trata de atender las diferentes cualidades para aprender que tienen tanto hombre como mujeres. Por ejemplo, en una clase razonada y analítica las niñas se aburren, pero si se explica de forma rápida y explícita son más bien los niños quienes se inquietan. Hay que respetar los ritmos de maduración psicológica de cada estudiante. Los colegios diferenciados no son discriminatorios siempre y cuando no perjudiquen el aprendizaje de los niños respecto de las niñas, o viceversa.
The Sunday Times publicó un debate académico entre Anthony Seldon y Clarissa Farr (“The end of girls schools” 14.05.06), defensores de la educación mixta y diferenciada, respectivamente. El primero argumentó que en setiembre el investigador y profesor Alan Smithers (Universidad de Buckingham) publicará un estudio que demostrará que no existen pruebas que las niñas mejoren académicamente si estudian en colegios diferenciados. Se trata de un estudio hecho a 20.000 estudiantes según el cuál las mujeres no son mejores estudiantes que aquellas que estudian en colegios mixtos. Por el contrario, Clarissa Farr, precisa que en Inglaterra, las mujeres de colegios diferenciados obtienen mejores rendimientos que aquellas que proceden de colegios mixtos.
Si los colegios mixtos reconocieran y propiciaran las diferencias intrínsecas entre los sexos, los resultados de los estudios referidos no variarían mucho. Salvo algunas excepciones –muy pocas conocidas-, los colegios mixtos han cometido el error de generar un igualitarismo neutralizante entre los sexos. No se trata de negarles a los niños y niñas su igualdad de derechos. Eso no está en duda, lo que está en debate es cómo hacemos para educar correctamente las diferencias sexuales innatas entre niños y niñas. Incluso en el aspecto formativo es conveniente separarlos porque existen temas que sólo competen a los adolescentes varones y del mismo modo sólo a las adolescentes mujeres, como por ejemplo, la polución nocturna y la menstruación, respectivamente. Asimismo, no es lo mismo llamarle la atención y corregir una inconducta a un varón que a una mujer porque el primero necesita mayor rigor, mayor firmeza. Mientras que la mujer requiere más sutileza, prudencia y delicadeza al momento de tratarla.
Mi conclusión: personalmente me inclino por la educación diferenciada y no tengo el más mínimo prejuicio sexual discriminatorio. Sólo es conveniente durante la adolescencia porque en ella se generan unos cambios físicos, psicológicos y afectivos que requieren un trato diferente tanto para el varón como para la mujer. No se trata de educación injusta pensando que una es mejor que la otra. Se trata de adecuar la educación a las características específicamente sexuales de cada alumno o alumna. No hay que tener miedo pensando que eso generará un trauma social irreversible porque existen otros espacios que permiten un innegable intercambio de experiencias entre alumnos de diferente sexo.
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ISABEL FLORES MARTINEZ -